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Evangelio del día: ¡Mantente alerta! no sabes el día en que vendrá el Señor

Publicado por: Radio Activa 95.1 ,


Mateo 24,42-51 – Reflexión del Papa: Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día ni a que hora vendrá su Señor

Santo Evangelio según San Mateo 24,42-51

Mantenerse alerta, no sabes cuando vendrá tu Señor: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Velen y estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada. ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: «Mi señor tardará», y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.» Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

 La esperanza cristiana no es sólo un deseo, un auspicio, no es optimismo: para un cristiano, la esperanza es espera, espera ferviente, apasionada por el cumplimiento último y definitivo de un misterio, el misterio del amor de Dios en el que hemos renacido y en el que ya vivimos. Y es espera de alguien que está por llegar: es Cristo el Señor que se acerca siempre más a nosotros, día tras día, y que viene a introducirnos finalmente en la plenitud de su comunión y de su paz.

La Iglesia tiene entonces la tarea de mantener encendida y claramente visible la lámpara de la esperanza, para que pueda seguir brillando como un signo seguro de salvación y pueda iluminar a toda la humanidad el sendero que lleva al encuentro con el rostro misericordioso de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, esto es entonces lo que esperamos: ¡que Jesús regrese! ¡La Iglesia esposa espera a su esposo! Debemos preguntarnos, sin embargo, con gran sinceridad, ¿somos testigos realmente luminosos y creíbles de esta espera, de esta esperanza? ¿Nuestras comunidades viven aún en el signo de la presencia del Señor Jesús y en la espera ardiente de su venida, o aparecen cansadas, entorpecidas, bajo el peso de la fatiga y la resignación? ¿Corremos también nosotros el riesgo de agotar el aceite de la fe, de la alegría? ¡Estemos atentos!

Invoquemos a la Virgen María, Madre de la esperanza y reina del cielo, para que siempre nos mantenga en una actitud de escucha y de espera, para poder ser ya traspasados por el amor de Cristo y un día ser parte de la alegría sin fin, en la plena comunión de Dios.

Y no se olviden: jamás olvidar que así estaremos siempre con el Señor. ¿Lo repetimos otras tres veces? Y así, estaremos siempre con el Señor, y así, estaremos siempre con el Señor, y así, estaremos siempre con el Señor. ¡Gracias. (Audiencia general, 15 de octubre de 2014)

Diálogo con Jesús

Mi Señor, cada día te doy gracias porque con tu poder y tu fuerzas estimulas a mi corazón para mantener siempre ardiendo la llama de la esperanza y sentirme protegido con tu amor inconmensurable. Quiero permanecer siempre en vela por mis acciones, que estén orientadas a tu amor y hacia el prójimo. Quiero trabajar continuamente por mi salvación para que, cuando vuelvas, encuentres en mí un discípulo generoso y lleno de Ti. Líbrame de la vanidad y la soberbia y todo tipo de orgullo y malas inclinaciones que puedan entorpecerme el camino, pues todo esto me lleva a dar tumbos por la vida, perdiendo la luz de tu estrella. Dios mío, mi deseo es permanecer siempre en tu gracia, haciendo el bien por dondequiera que vaya y venciendo las tentaciones del maligno enemigo con los divinos sacramentos que me has dejado en tu amada Iglesia. Ayúdame a estar en una completa vigilancia de mi ser, pues no es cualquier cosa la que está en juego, es mi alma, un alma que creaste pura y que se ha ido manchando por mis pecados, por mi falta de amor y dureza de mi corazón. Que mi corazón pueda ser vasija viviente del Espíritu Santo que me da consuelo y alivio en mis tribulaciones. Por eso, líbrame del deseo de buscar senderos fáciles que me separan de Ti: fama, fortuna, belleza superficial, lujos, vanidades. Que torpeza la mía cuando caigo en las mundanidades. Por ello, confío en tu guía, en que me has entregado a un ángel que cuida de mí y me fortalece. Invoca tu auxilio divino, para que me des la gracia de mantenerme unido a Ti a través de ese hilo invisible de tu amor, de tu humildad y tu compasión. Amén

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