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Evangelio del día: ¿Estarás preparado para la venida del Señor?

Publicado por: Radio Activa 95.1 ,


Mateo 25,1-13 – Reflexión del Papa: Ya viene el esposo, salgan a su encuentro, y las que estaban preparadas entraron con él

Santo Evangelio según San Mateo 25,1-13

La parábola de las vírgenes prudentes: En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a sus discípulos: Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?” Pero estas les respondieron: “No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado”. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”, pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Existe este «tiempo inmediato» entre la primera venida de Cristo y la última, que es precisamente el tiempo que estamos viviendo.

En este contexto del «tiempo inmediato» se sitúa la parábola de las diez vírgenes. Se trata de diez jóvenes que esperan la llegada del Esposo, pero él tarda y ellas se duermen.

Ante el anuncio improviso de que el Esposo está llegando todas se preparan a recibirle, pero mientras cinco de ellas, prudentes, tienen aceite para alimentar sus lámparas; las otras, necias, se quedan con las lámparas apagadas porque no tienen aceite; y mientras lo buscan, llega el Esposo y las vírgenes necias encuentran cerrada la puerta que introduce en la fiesta nupcial. Llaman con insistencia, pero ya es demasiado tarde; el Esposo responde: no las conozco.

El Esposo es el Señor y el tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él nos da, a todos nosotros, con misericordia y paciencia, antes de su venida final; es un tiempo de vigilancia; tiempo en el que debemos tener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad; tiempo de tener abierto el corazón al bien, a la belleza y a la verdad; tiempo para vivir según Dios, pues no sabemos ni el día ni la hora del retorno de Cristo.

Lo que Jesús nos pide es que estemos preparados al encuentro -preparados para un encuentro, un encuentro bello, el encuentro con Jesús-, que significa saber ver los signos de su presencia, tener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar vigilantes para no adormecernos, para no olvidarnos de Dios.

La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, la alegría de Jesús. ¡No nos durmamos!.(Audiencia general, 24 de abril de 2013)

Diálogo con Jesús

Señor mío, vida de mi vida, quiero confiarme hoy a tu gracia y pedir que bendigas todos mis planes y cada cosa que emprenda, porque sé que en Ti todo tiene sentido y tiene rumbos inesperados y sorprendentes. Corazón amoroso y amable, llévate contigo la desesperación y la angustia y ayúdame a serenarme ante las distintas situaciones que afronto mientras vigilo que mi alma no tropiece ni quede atrapada en los malos hábitos. Tú me has mostrado que lo que de verdad importa en este mundo es cuidar mi alma, estar en continua alerta, atento y firme para no dejarme arrastrar al abismo de tentaciones que se me presentan. Son muchos las distracciones a mi alrededor que intentan separarme de tu amor, hay un sinfín de cosas superfluas que pueden embelesarme con su maravilloso resplandor exterior, pero que por dentro son generadoras de sufrimientos.

Oh Salvador de mi alma, yo no sé el día ni la hora en que vengas por mí, a mi encuentro definitivo con tu eternidad, pero si estoy seguro de algo: Tú me amas y me das las gracias para mantenerme firme y no sucumbir a las deslumbrantes cosas pasajeras. Dame la prudencia para mantener la llama de mi fe siempre encendida, que con la oración y la continua comunión con tu amor y con la de mis hermanos, se despliegue la armadura de tu poder sobre mí llama nunca pueda extinguirse. El alimento será tu Cuerpo y tu Sangre, el abono serán las obras y caridad para con los necesitados y la restauración de mis fuerzas en la confesión. Que pueda yo desde ahora llevarte en mi corazón, estar atento a tu llamado y con gran prudencia estar siempre listo cuando llames a mi puerta. Amén

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